miércoles, 31 de marzo de 2010

¿CULTURA CRISTIANA?

Perspectiva
Columna de los miércoles en La Prensa Libre

Por Federico Malavassi

Resulta interesante explorar el sentido de la Semana Santa en el sentir de la gente. Para unos no es más que una esperada vacación. Para otros un especial período de descanso (oportunidad de viajes, semana compartida, tour abonado y hasta viaje fuera del país), para algunos impera la cocina tradicional (dulces, empanadas de chiverre, tamales de temporada y las infaltables sardinas), otros excusan el paseo en la ideología ecológica (en la naturaleza estoy cerca de Dios, es lo que dicen) y no faltan quienes simbolizan todo en la visita a amistades lejanas o parientes que viven largo (es ocasión de reunión, es lo que aducen). Unos cuantos se centran en las procesiones y en las actividades conmemorativas. Por supuesto que va también el paquete de películas de temporada: Ben Hur, Quo Vadis, La Pasión y por allí se cuelan hasta Espartaco y Maciste y Los Gladiadores.

¿Cuántos se concentran en las celebraciones atinentes a la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo? ¿Cuántos reflexionan sobre el sentido de estos sagrados misterios, la instauración de la Eucaristía y el poderoso argumento de la Resurrección y cuánto implica ello para los seres humanos?

Quizás sería mejor que no hubiera vacaciones ni feriados sino que los cristianos busquemos el momento y la ocasión de cumplir nuestros deberes y celebrar nuestra fe. Así sucede en muchas partes del mundo y no por eso la fe disminuye ni la posibilidad de celebrar se dificulta.

Es que algunas veces es más bien contraproducente esta fiebre de paseo, veraneo, playa y sol que confunde las fechas. Es que en muchas ocasiones más bien se abre espacio a actuaciones que son contradictorias con la importancia de las fechas (“Concierto de Viernes Santo” decía hace unos años el anuncio y llamado de una conocida cerveza), la impaciencia en las carreteras, la hartada de mariscos y la provisión de licores.

Tal vez sea remar contra corriente. Para muchos se trata de derechos y situaciones consolidadas: la vacación de la Semana Santa, la semana especial por la que se paga más en los sistemas de tiempo compartido, la última ocasión de tomar el sol antes de la estación lluviosa.

Las Navidades no son la principal celebración cristiana, son una especie de tradición construida casi convencionalmente. No obstante, algunas veces resulta paradójico el modo en que se celebran: de todo menos el espíritu cristiano, algunos acusan que es una fiesta sin el cumpleañero.

La Pascua de Resurrección es la máxima celebración cristiana y va precedida de la celebración de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor. Sacrificio trascendental que ha abierto las puertas del cielo para todos los habitantes de este valle de lágrimas. ¡Cuánto más paradójico resulta la ausencia de algún signo cristiano en la fiebre que impera en muchos con ocasión de esta Semana Mayor!

miércoles, 24 de marzo de 2010

¿EN NOMBRE DE LA SOLIDARIDAD?

Perspectiva
Columna de los miércoles en La Prensa Libre
Por Federico Malavassi

En su aspecto más brutal, la solidaridad es que uno pague por otro. Es claro que también existe la solidaridad de acreedores (se le puede pagar a cualquiera) y, asimismo, la solidaridad como sentimiento (adhesión a la causa de otro).

Nuestro Estado le ha estado “jalando el rabo a la ternera” en algunas cuestiones sociales. El salario mínimo se ha convertido en una política de fijación de salarios y algunos beneficios transitorios se han ido convirtiendo en derechos petrificados.

La planilla tiene un recargo de aproximadamente el 35.34% (más de una tercera parte), sin tomar en consideración los “riesgos profesionales” (INS) ni el aguinaldo (como un 8% más) y la provisión de auxilio de cesantía (que se volvió obligatoria en jubilación y pensión).

La universalización de los regímenes se aduce como protección total, pero se practica como cobro general (cosa muy distinta). Había dicho un Gerente de la CCSS que la idea era que todos pagaran y que pocos usaran.

Algunas compañías han introducido programas de “medicina de empresa”, la idea es ayudar a sus empleados (pero los costos son de la empresa, no de la CCSS).

El sistema se había concebido como de “capitulación”, pero la forma de administrarlo y las prácticas del Banco Central (¿nervio y motor de la economía nacional?) que nos azotan con la inflación convirtieron las pensiones de la CCSS en un sistema de reparto. Paradójicamente, intentaron convertir el sistema de salud en uno de capitulación y la Sala Cuarta les enmendó la plana (en ése, había que repartir todo).

La CCSS ha dispuesto que se cotizará sobre un mínimo (el lunes 22 de marzo anunció que elevó el mínimo a c110,000.oo) sin importar cuánto es el monto del salario real. La posibilidad de excepciones es muy limitada.

¡Curioso! ¿Verdad? Pero en esto no importa la realidad: no importa si se labora una fracción de jornada (origen real de los pagos que no llegan al mínimo) o si la naturaleza de la relación lleva a eso (pago de horas como profesor, de servicio o cualesquiera otra relación de esta clase), tampoco aparece la primacía de la realidad ni el “contrato realidad”.

El tema es que hay señoras que no podrán asegurar por un mínimo de ciento diez mil pesos a una servidora ocasional que trabaja para ellas solo 10 horas a la semana. No tiene cómo lograr un consorcio con eventuales otras patronas. Hay centros de enseñanza en los cuales los profesores dan solo una clase por semana o tal vez dos o tres, siempre largo del límite.

En estos casos, el monto por pagar a la CCSS hasta puede ser superior al que recibe el trabajador. ¿Todo en nombre de la solidaridad? ¡Así no funciona!

miércoles, 17 de marzo de 2010

RAZÓN DE LA SINRAZÓN (A PROPÓSITO DE LA LEY DE TRÁNSITO)

Perspectiva
Columna de los miércoles en La Prensa Libre

Por Federico Malavassi

Es evidente que se ha ejercido mucha presión sobre la Asamblea Legislativa para la aprobación de la criticada reforma a la Ley de Tránsito.

El resultado fue de esperar: normas asistémicas, castigos exagerados, violación del principio elemental de “non bis in ídem”, multas astronómicas y una numeración equivocada. Jueces y expertos criticaron con vehemencia el resultado normativo.

Y es que no se debe legislar al calor de las campañas de los medios de comunicación, con miedo a la presión de los periodistas y sin entender las tácticas de los pasillos del MOPT y demás oficinas públicas. No hace muchos años impulsaron una campaña de reformas que supuestamente terminaría con los accidentes y temeridades y utilizaron la presión de los medios de comunicación contra los diputados. Incluso, los proponentes se atrevieron a asegurar que sabían que había cambiado el criterio de la Sala Constitucional (¿astrología, prevaricato o bateo?). El resultado fue insignificante, pero el noviazgo proponente se presentó unos pocos años después con nuevo paquete de reformas. Y algunos medios de comunicación salieron a presionar nuevamente … Para el MOPT es una forma de evadir responsabilidades, diluirlas en acusaciones de mala legislación y pasarle la factura a otro.

Un Ordenamiento Penal (buena parte de las normas de Tránsito constituyen Derecho Penal especial) debe tener sistema, proporción, respeto por principios básicos, razonabilidad, racionalidad y lógica. Debe engarzarse adecuadamente con los principios constitucionales y con los principios del Derecho Penal (sustantivo y procesal). La reforma que se aprobó evidenciaba carencias en todo ello.

Lo curioso es que ahora que un grupo de diputados intenta introducir algunas mejoras, aparecen los promotores de la criatura con afirmaciones ininteligibles: que una nueva cultura (¿a punta de exageraciones penales?), que en cuanto más caro sea obtener una licencia entonces habrá menos accidentes (y por supuesto que si nadie puede conducir, entonces posiblemente no haya accidentes), que porqué aceptaron que había presión de la prensa (… y la siguen haciendo). En fin, afirmaciones de antología para tratar de detener un movimiento legislativo de razonabilidad de la norma.

Quizás sea necesaria un poco de historia que ayude a recordar quién fue Dracón y en qué terminó la excesiva severidad legislativa. Tal vez sirva un poco de reflexión para repasar que no vale la pena sacrificar la libertad para obtener seguridad y cómo los pueblos han aprendido la lección.

Evidentemente falta amor por la libertad, compromiso con la responsabilidad, diagnóstico sobre el desempeño administrativo y adecuado uso de los instrumentos públicos, estudio sobre la utilización de la ley como instrumento social y respeto por las personas.
El miedo, como siempre, es mal consejero.

miércoles, 10 de marzo de 2010

INCAPACIDADES DE SINTRABAJAP

Perspectiva
Columna de los miércoles en La Prensa Libre
Por Federico Malavassi

Desde hace muchos años hay un cuestionamiento creciente y disimulado de las “incapacidades” médicas y en particular de algunas de las de la CCSS.


¿Por qué? ¡Qué difícil decirlo por tratarse de un “acto médico”! Pero a patronos y compañeros de trabajo nos consta que algunas personas, con toda la frescura y “cara’e barro” manifestaban que determinado día no irían a trabajar o se salvarían de tal o cual examen presentando una constancia de enfermedad.


Médicos amigos me han manifestado que algunos consultantes pedían la constancia de entrada, evidenciando que era más importante la constancia que el eventual remedio de la supuesta enfermedad.

Por supuesto que esta es un área en la cual se cumple aquello de que “unos de comen la piña y a otros les duele la panza”. Recuerdo múltiples casos de empresas que se enfrentaban a jugadas colectivas de sindicatos o trabajadores que, sorprendentemente, parecían contar con municiones inacabables de incapacidades caprichosas.


En el caso de los exdirectores de la Sintrajap es asombroso que todos cayeran incapacitados (por supuesto que no es asombroso que no quisieran trabajar). No obstante, no será el primero ni el último de los casos en que se podría estar frente a un abuso de la figura de la incapacidad. ¡Qué difícil proponer normas generales que ordenen esta materia y también sean justas! Es igual que el caso de los médicos de equipos de fútbol: he visto a algunos más interesados en las tácticas del partido que les interesa “enfriar” o “alterar” que en la salud, buen ejemplo y juramento hipocrático.


Dicen que los lunes es el día que más se gestionan incapacidades (es que el fin de semana, en lugar de ayudar a reponer energía, parece ser la ocasión de muchos males para la salud: cansancio, accidentes, partidos de fut, jaibol y ocupaciones alternativas). En algunos casos la medicina de empresa ha ayudado a evitar los engaños, pero en otros hay que reconocer que los pacientes son verdaderos artistas, capaces de merecer el “oscar” más que los premiados por la Academia.


En nuestra historia ha habido de todo, hasta un ex ministro que estaba incapacitado para trabajar en su profesión, pero no para hacer de ministro y cobrar.


¿Quién saca a un médico complaciente de su parcela profesional para que nos diga la puritica verdad? Quizás es hora de que patronos, directores médicos, CCSS y la sociedad aproveche tan descarada coyuntura para empezar a enderezar el asunto.


No es un tema médico, es un tema moral. Algunas veces la factura la paga la seguridad social, pero es indudable que hay inmensos costos sociales y morales que nos obligan a enfrentar el desaguisado y no dejarlo pasar invicto.


¡Que por lo menos sepan que los estamos viendo y no nos tragamos el anzuelo!

miércoles, 3 de marzo de 2010

FRAUDE CON LA LEY DE TRÁNSITO

Perspectiva
Columna de los miércoles en La Prensa Libre
Por Federico Malavassi

Ya lo habíamos adelantado, que no iban a arreglar en tiempo las reformas a la Ley de Tránsito y que simplemente habían atrasado su vigencia para camuflar las tortas en las elecciones. ¡Y así fue!

Es obvio que la nueva legislación tiene errores, desproporciones, exageraciones y ocurrencias. Muchos hemos llamado la atención acerca de los errores que contenía el proyecto de ley, acerca de los riesgos de las prisas al legislar, acerca de las consecuencias funestas de legislar al calor de la noticia y la presión que la Administración ponía a los diputados. ¡No fuimos oídos!

El Poder Ejecutivo insistió en la aprobación de la nueva legislación. El MOPT y algunos colaboradores pusieron mucha presión e insistencia (costumbre vieja a fin de esconder las falencias de la administración). El partido oficial pasó la maquinaria sobre la oposición. La oposición se mostró tímida y dejó pasar el entuerto.

Ahora la criatura no tiene padre: los legisladores dicen que ni la numeración está buena (aunque publicaran leyes “comentadas” al respecto), no se resuelve qué materia enmendar y nos vacilaron con la el atraso de la vigencia.

Lo que ha hecho el Poder Ejecutivo no tiene nombre, pues luego de presionar para obtener su aprobación, ahora aparece “suspendiendo” algunas sanciones, en una decisión abiertamente inconstitucional y evidentemente antijurídica.

Los oficiales de tránsito dijeron en opinión gremial que preferían no aplicarla.

Y que los diputados insistan en su aplicación luego de que atrasaron la vigencia para hacer arreglos que no han logrado hacer todavía es el remate de la tragicomedia.

¿Yo no fui, fue Teté, ¡pégale, pégale, que él fue!?

Incluso hasta los bomberos han externado opinión en apoyo a la exigencia del extinguidor. El argumento fue el choque del furgón con el camión cisterna en el puente sobre el Río Lagarto (como si un extinguidor de mano hubiera podido evitar la cosa).

Otros profesionales se han mostrado más bien cautos con el tema del botiquín.

Insisto en que debe entenderse que la ley es un instrumento muy potente y debe usarse con prudencia y sabiduría. El miedo, la prisa, la presión pública y la impaciencia son malísimos consejeros.

También insisto en que encuentro algunas multas muy elevadas, la redacción confusa y la desproporción profusa. La exageración de algunas multas y castigos puede resultar contraproducente.