Columna de los miércoles en La Prensa Libre
Por Federico Malavassi

La relación es inmediata. Tenemos la misma gente y la posibilidad de desarrollar velocistas de la misma clase … al estilo de Nery Brenes.
Pero cuando veo el vandalismo de que han sido objeto el Colegio Deportivo de Limón y sus estudiantes, se me estruja el corazón.
Un magnífico proyecto y una puerta al futuro para muchos jóvenes, frustrado por asaltantes y el vandalismo. Las noticias no mienten: incendios, asaltos, robo de las camisetas y los trofeos, imposibilidad de dar lecciones, estudiantes cansados de ser objeto de asaltos.
La historia puede repetirse en muchas versiones. Mis hijos mayores dejaron de ser lectores en la Iglesia porque los asaltaron a la salida de una jornada de preparación. Sufrieron igual cuando iban a clases de música a la UCR. Al hijo de una amiga le robaron su valiosa guitarra cuando salía de las clases en la Academia en San Pedro. Todos dejaron las clases de música …
Tengo tristeza porque quizás los maleantes estén frustrando medallas de oro, triunfos y la posibilidad de hacer algo valioso que se abría para muchos jóvenes. Tengo tristeza porque también se les trunca a muchos la puerta de una carrera deportiva.
Tengo tristeza porque nuestra sociedad no está reaccionando apropiadamente ante la escalada de crimen y violencia. Unos despotrican contra los jueces garantistas, otros creen que se trata de poner penas más largas y muchos insisten en que es un problema de “percepción”.
¿Cómo convencer a muchos de que estamos perdiendo nuestra sociedad? No digo que tiempos pasados eran mejores, pero cuando era pequeño no había rejas en las casas, se veían los jardines, los vecinos cuidaban unos de otros, los crímenes eran hurtos, se podía caminar por la calle, llegar en la noche, las puertas de las casas se abrían en las mañanas y se quedaban abiertas (uno entraba diciendo “upe” esperando que alguien lo oyera y lo atendiera), no se usaban alambradas eléctricas o de navaja y no había necesidad de seguridad privada.
El Estado nuestro se concentra en mil cosas alejadas de sus propósitos principales, se distrae. Muchos de nuestros pensadores eluden el tema. El Poder Judicial no da abasto (menos con los juicios de meses y años que tiene que tramitar).
¿Podremos hacer algo?